Colección de poesía
Germinar Monstera
Fue, quizá, un tanto inocente y ciertamente pretencioso aventurarnos a encontrar el nombre perfecto. Batallas perdidas entre distintas miradas, lecturas y obsesiones, proponiendo esto y aquello, intentando evitar un nombre desagradablemente romántico, excesivamente ambiguo y, desde su propia contradicción, poético. ¿Hay acaso otra forma de encontrar el contenedor perfecto para la poesía que con su naturaleza rebelde se nos escapa siempre? Un género que ya es, en palabras de una de nuestras autoras, la mujer loca de los géneros literarios. Monstera, del latín monstrum: monstruosa, anormal.
La coincidencia nos encanta, pero no fue el impulso que nos llevó a elegir el nombre. Queremos respetar la naturaleza incontenible sin encerrar a la poesía, una vez más, en el ático de lo exclusivo e inaccesible. Mantenerla incontenible, sí, pero nunca a puerta cerrada. Monstera, desde incluir a todos los presentes en nuestro espacio de diálogo. Construir un punto de encuentro entre el ávido lector de poesía, el que se aproxima ocasionalmente y el que apenas comienza con toda la intención de quedarse. Si algo compartimos todos frente a un poema, es esa primera impresión visual de la disposición sobre la página, la mirada recorriendo contornos, saltos y versos. Un poco antes de que los caminos logren desviarse, optar por leer en voz alta, detenerse en los silencios y descifrar sus propios misterios, el poema sobre la página permanece lleno de espacios, de posibles lecturas.
Desviar la atención a la Monstera que acompañaba nuestra conversación desde la ventana nos ayudó a encontrar un territorio fértil en sus hojas enganchadas sobre un mismo tallo. Hojas con inusuales agujeros, perfectas proporciones de coherencia y perspectiva para dejar entrar la luz. Versos sostenidos, interrelacionados, intensificando y moderando su propio espacio sobre la página. Las hojas de la Monstera no son superficies cerradas, son espacios esenciales para su crecimiento. Defendemos, siempre, el papel activo y dinámico del lector con el texto. Alejados de la fenomenología enfocada únicamente en el mundo interior del autor, las hojas de la Monstera representan el espacio de indeterminación perfecto. La construcción compartida donde el espacio en blanco espera la interacción texto-lector.
Monstera nombra esta colección de poesía llena de palabras vivas dispuestas a dejar entrar la luz. Un punto de encuentro que invita al lector a habitar espacios, dialogar con ellos y mantenerlos con vida en cada lectura.
