Entrada 2025 – ¿Qué más queda?

Es fácil hacerse la víctima, decir que todo lo que ha pasado ha sido muy a su propio pesar, para no tener que vivir eternamente en discusiones con una misma; para no pensar que te mereces lo que tienes, que no tienes derecho a sentir tristeza, a estar molesta. Que no tiene sentido que te sientas sola.
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¿Dónde habitar para esconderse? 

Construir un espacio para llorar cuando ninguna casa y ningún abrazo llega a sentirse como un refugio en el que esconderme cuando me siento chiquita. No creo poder recordar algún lugar en el que haya pasado suficiente tiempo como para sentirlo parte de mí. Ya no tengo el valor ni las fuerzas para reclamar un espacio como mío, ni siquiera para reconocer que ese espacio tiene la posibilidad de sentirse mío.

Es fácil hacerse la víctima, decir que todo lo que ha pasado ha sido muy a su propio pesar, para no tener que vivir eternamente en discusiones con una misma; para no pensar que te mereces lo que tienes, que no tienes derecho a sentir tristeza, a estar molesta. Que no tiene sentido que te sientas sola.

No estoy segura desde cuándo reconocí que carezco de un lugar al que correr a esconderme, uno en el que las lágrimas no tengan que ocultarse en el armario, en el que los días malos no tengan que dejarse atrás cada vez que alguien pregunta: “¿cómo te fue hoy?”.

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(Des) familiarizar los afectos para acercarse al refugio 

2010

Tres amigos y una sola chica en su grupo. Él se enamora de ella. Ella se enamora de él, pero en su casa le han dicho que es muy pequeña para tener novio. Él está dolido. Ella termina sola.

Desde pequeña me enseñaron cómo, cuánto y hasta dónde sentir dentro de los permisos y acepciones que mis padres tenían para con el afecto. Nunca pensé que tantos años después estaría preguntándome si realmente no quería desobedecer a mi madre, o si simplemente no amaba con la fuerza suficiente para desafiar las reglas que mi edad e inocencia trazaban. Tal vez amar a destiempo, sin permiso, habría sido un pequeño acto de libertad; un rincón cálido, un hombro mullido donde descansar un rato de tanta corrección.

2011

Una familia. Padre, madre y sus hijas. Todos van cada domingo a ver a la familia extendida. Las fiestas se celebran con todos reunidos. Una noche, ella los escucha peleando en la terraza. Una mañana, papá está durmiendo en el sillón. Y otra vez. Y otra vez. Ahora todo se ha dividido: las fiestas, los cumpleaños, los fines de semana, las vacaciones. Ella tiene ahora dos medias familias. Ahora solo tiene media familia.  Ella termina sola.

A veces toca entender, a la mala, que familia no equivale a refugio. Por mucho que nos enseñen y nos repitan, una y otra vez, que la sangre es más espesa que el agua, que la familia es la base estructural de la sociedad, nos hace falta mirar hacia atrás: a cuando no había vínculos validados por la sangre, sino por la afinidad. Mirar atrás y darnos cuenta de que el proverbio no termina ahí, que una vez más nos han hecho creer lo que es mejor para otros y no para una misma. “La sangre del pacto es más espesa que el agua del útero.”

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Distancias para aprender a ser mirada 

2012

Cuatro amigas y una solitaria chica en su grupo. Ellas son divertidas, son queridas. Ella intenta integrarse, les toma cariño. Ellas tienen problemas de los que no hablan. Ella trata de protegerlas. Ellas se sienten traicionadas. Ella termina sola.

Cada intento de acercarme solo evidenciaba la herida transformada en cautela.

¿Cómo volver a vulnerarse de esa forma cuando el miedo habita, silencioso, en cada palabra, en cada gesto, en el reflejo de quien, todos los días, tiene que salir a enfrentar un mundo que no se sabe si será amable con los pedazos vueltos a unir?

La distancia se vuelve una nueva forma para acomodar la ternura, y así parece que nace una calma distinta. Poco a poco, mientras el corazón intenta cerrar las heridas, la confianza toma aire y el nudo que une el pecho con el estómago se va soltando con cada suspiro.

2014

Una clase de baile y una chica que cree que no sabe bailar. Una nueva pasión encontrada. Una nueva mirada que la atraviesa. Él se acerca. Ambos están comenzando una nueva etapa en sus vidas. Él es mayor que ella. Ella se siente morir con cada sonrisa suya. Él es mayor que ella. Ella no entiende por qué su silencio. Él se aleja. Ella termina con el corazón roto. Ella termina sola.

Los permisos concedidos al otro no necesariamente funcionan dentro de la reciprocidad del saber pedir. Tal vez una apenas imagina lo que es poder pedir. Bailando la cercanía es inevitable, pero pareciera que todo el espacio afuera de ese compás termina convirtiéndose en distancia. Aprender a moverse. Aprender a ser mirada.

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Aprender a amar en la otredad

2016

Una banda de música y una chica que siempre ha adorado cantar. Tres vocalistas, un bajista y un guitarrista. El guitarrista es tierno y amable. Él se enamora. Ella dice que también, pero es mentira. Él la hace sentirse vista; ella teme perder esa mirada.Cuando el encanto se disipa, ella huye. Él queda herido. Ella termina sola.

Ya no solo se trata de la herida. Se trata del recuerdo de una emoción, de un calor, de una efervescencia que mueve el cuerpo y nubla el sentido, incluso cuando todo lo que conoces es ternura y la pasión y el placer no han comenzado a volverse factores en la ecuación.

Aprender a amar es descubrir que el amor no siempre se parece a una misma; cambia de forma, se disfraza, se diluye, a veces se vuelve alguien más. Cada experiencia lo transforma, y con ella también se transforma la manera en que una se permite sentir.

Se trata de extrañar esa primera vez, de ese primer vuelco del estómago con percibir de lejos el aroma de esa persona, de la decepción que acompaña al  siguiente asomo de emoción que nunca vuelve a ser la misma. No tiene que ser la misma, pero eso se aprende demasiado tarde, cuando el daño ya está hecho.

2017

Una nueva escuela. Casi nadie la conoce. Los fantasmas parecen haberse esfumado. Ella cree que puede empezar de cero, pero sigue con miedo. Un chico le dice que es bonita. Ella teme que se repita la historia. Él entiende que no es momento. Sus amigos no. Llega un mensaje. Ella termina sola.

¿Por qué intentar navegar contra los embates de la marea de miradas? ¿Por qué combatir a capa y espada contra dragones, elfos y brujas que, con palabras, juegos y carcajadas, queman y desgarran las vestiduras que quedan para protegerse?

La espada se ha fundido con el suelo en el que desemboca el río de lágrimas, y el escudo es una balsa con la que navegas ese mar iracundo y cambiante. Llega la pandemia, llega el encierro, y encuentras una salida.

Al menos la soledad tiene un sentido, por ahora.

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Amar en medio del miedo

2020

Una carrera que promete calma, no felicidad. Ella procura no encariñarse. Deja la licenciatura. Esta vez no se siente tan sola. Un nuevo trabajo. No es glamuroso ser mesera, pero el lugar tiene paredes coloridas, crema batida, corazones de fresa, risas en los pasillos. El dueño reconoce su potencial. Pasa de mesera a gerente. Es muy joven para serlo. A los demás no les gusta que tenga poder sobre ellos. La sientan en una silla para enumerar sus errores, sus abusos. Ella no se reconoce en esas palabras, pero llora, se odia, se arrepiente. Esa noche lleva sus cosas en el asiento del copiloto. Ella termina sola.

Todavía cuesta entender la maldad de la gente. Todavía cuesta no creer que sus palabras sean verdad.

Una intenta pertenecer con tanta fuerza que va perdiendo pedazos de sí en cada lugar, en cada momento, esperando que alguien resguarde esos fragmentos como un recuerdo.

Cada exigencia debilita la percepción de una misma. La autonomía y los propios ideales —figuras que alguna vez se asemejaron a eso que llaman amor propio— se difuminan y se desvanecen.

2022

Nueva carrera. No entra pensando en el futuro, sino en sobrevivir el presente. Los reclamos de papá, las exigencias de mamá. Una protesta. Se toma la facultad. Un mundo de posibilidades. Se pregunta por el poliamor. Tal vez hay una forma de amar compatible con su forma de irse. Termina la protesta, y no está sola.

Y entonces el amor no era solo uno. Entonces, el amor no tenía que poseerme.

Descubrí que existía más de una forma de ternura, de cuidado y de deseo. Amar lejos de la rigidez que no es mía: desde la confianza y la empatía.

Amar en medio del miedo, esta vez dispuesta a ser herida.

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Encontrarse en inundación constante

2023

Un mensaje nuevo. El jefe quiere hablar. Vacante: co-dueña. El cocinero solo aceptará si es con ella. Se siente un sueño, una segunda oportunidad. Un mes después, él se va. Ella pausa la carrera. Seis meses más. Se da por vencida. Hay que saldar cuentas, vender cosas, decir adiós. La familia que construyó se rompe por causa suya. Ella termina sola.

Y entonces el tiempo comienza a quebrarme y la atención desgasta cada abrazo.

2024

Nuevo semestre. Ella vuelve a la escuela. Sale con un profesor. Aprendiendo sobre el poliamor, se descubre narrada en una denuncia. No entiende lo que pasa. La gente habla. Ella se siente una extraña. Ella termina sola. Otro semestre. Se siente sola. Otro semestre. Se siente sola. Reaparece alguien. Primero, solo amistad. Avanza rápido. Se siente cálido. Él también conoce la soledad. Reconoce en sus ojos la misma tristeza.

Y entonces la marea parece calmarse y puedo tratar de empezar a nadar. Las piernas responden y el aire no falta. Quisiera que nunca volviera a faltar.

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Queda el miedo en la valentía de buscar compañía

2025

Hace un año que trabaja los fines de semana como mesera. Ya no es suficiente. Queda solo un año para convivir con esos extraños. No es suficiente. Un segundo trabajo. La gente es amable. Se siente útil, se siente valorada. Llega la tempestad y ella sigue en pie. Una segunda ola embate. Apenas sigue en pie. La marea sigue subiendo. La gente se sigue sumando a la balsa.

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Y solo esto queda, ni muros ni suelo que pueda sostener todo lo que se acumula, que parece disolverse y filtrarse entre mis dedos cada año que pasa. Solo quedan fuerzas que disponer al olvido, a esas barreras que he erigido en mi pecho y en mi cabeza para que la tristeza y el temor no me embarguen. Solo queda la certeza de que todo puede desaparecer, que cualquier palabra o acción puede borrarlo todo y habrá que lidiar con las consecuencias. Habrá que afrontar la soledad, una y otra vez. Pero, he bajado la guardia y el miedo se hace presente. No quiero terminar sola.