Nunca más

A veces el cuerpo parece borrarse, como una playa después de la marea.
Pero siempre queda algo: un rastro, una marca, una grieta desde donde volver a nombrarnos.
La escritura se convierte entonces en acto de resistencia y reapropiación: narrar para existir.
A lo lejos

¿Cómo se nombra la pérdida de un abuelo? ¿Por qué no hay vocablo que la contenga? La voz de una nieta que carga con las cenizas de su abuelo, alternando entre los recuerdos y la añoranza depositada en la esperanza de encontrar una forma de traerlo de regreso.
Sería la altura

El cielo persevera encapotado, el rumor de la llovizna, los veinte metros de altura que ofrecen un deleite inusitado a la pupila. No hay personas. Toda la ciudad se construye, ahora, sin banquetas, sin autos, sin niños y las burbujas con las que juegan. Si aquí arriba no puede escribirse a gusto, entonces nada.