Todo narrador de ficción histórica se ve confrontado por la falta de material documental. ¿Qué herramientas usar para llenar los vacíos? Complementar e intervenir la historia con su propia creatividad se presenta como un recurso para continuarla, para seguir ahí donde la realidad se estanca. Todas las evidencias históricas dejan una forma, un rastro.

Maniac de Benjamin Labatut

Ciencia y ficción: dos herramientas para entender la realidad 

“La ficción es una herramienta que le da a la realidad forma humana”, comenta Benjamin Labatut, argumentando que todo lo que sale de un autor es ficción. ¿Se trata de una justificación para escribir sobre hechos y personas reales sin rendirse a la precisión histórica? ¿Es la ficción la mejor herramienta para acercarnos a la realidad? 

Es cierto que, en muchas ocasiones, la historia necesita ser ficcionalizada para facilitar nuestra comprensión, sin embargo, también puede serlo por conveniencia. Todos estamos familiarizados con que la historia es escrita por los vencedores, sin cuestionar si su versión es la más apegada a los hechos reales. Para Labatut, la ficción es una necesidad. Puede resultar paradójico, ciencia y ficción juntas ¿una ofensa a la verdad? El carácter subjetivo de la humanidad, los hábitos, la desesperación y las alucinaciones que experimenta el hombre en su “paisaje mental trastornado”, no encuentran su espacio en la objetividad racional, la ficcionalización de Labatut se presenta como una herramienta capaz de unirlas en un solo envoltorio, sin perder su coherencia y su belleza.

De manera personal, creo que la ficción también es un tipo de verdad. Tanto la ficción como la ciencia, dependen de la reproducibilidad de sus experimentos. Quizá la mayor distinción es el espacio donde suceden sus ensayos. Los laboratorios de la ficción no siempre son precisos, son desordenados y viscerales como el interior de un cuerpo humano. La ficción no sustenta la realidad, pero sí exige sus cambios. No requiere de pruebas o mediciones, provoca intensos e incontestables efectos. No necesita ser falsable, pero permite navegar tantas afirmaciones como la imaginación cuestione. De ese modo extraño, se entiende con la ciencia para explicar la realidad.

¿Cuál es la forma narrativa de la Historia?

Todo narrador de ficción histórica se ve confrontado por la falta de material documental. ¿Qué herramientas usar para llenar los vacíos? Complementar e intervenir la historia con su propia creatividad se presenta como un recurso para continuarla, para seguir ahí donde la realidad se estanca. Todas las evidencias históricas dejan una forma, un rastro. Es en esa forma en la que Labatut se inspira para sus narraciones. El autor chileno asegura que la estructura, el contenido, incluso el género de sus relatos, se genera por medio del proceso de investigación del hecho histórico. Su escritura trabaja con lo que encuentra, toma prestadas las voces de personajes históricos extendiendo sus diálogos, calcando en esencia sus frases. 

MANIAC: Relatos de advertencia 

La forma de MANIAC, el último libro de Labatut, es singular. ¿Es una novela, es no ficción, es ambas? El libro se sostiene como un pedazo de la mente de su autor y su fascinación por la ciencia. MANIAC contiene tres historias que ilustran el impacto catastrófico que provocan las revoluciones científicas y el imprevisible conflicto existencial que encuentran los hombres de ciencia. La novela narra el despertar de un modelo de inteligencia artificial especializado en juegos abstractos de estrategia, que al vencer al jugador más ingenioso de Go, abre un abismo inclausurable entre la imaginación de los humanos y las máquinas. Sin disculpas ni glorificaciones, la historia también aborda la epifanía suicida e infanticida de un profesor universitario de física que busca liberarse a sí mismo y a su hijo de la irracionalidad nazista que amenaza con privarlos de la existencia. En el acto principal, la novela narra la vida de John von Neumann, importante físico matemático que era concebido entre sus pares como un extraterrestre por su habilidad sobrehumana de razonar y resolver problemas de prácticamente todas las áreas del conocimiento. Su comportamiento se caracterizaba por ser excesivamente calculador y constantemente se olvidaba de mostrar empatía a los demás. 

Labatut ha mencionado en múltiples entrevistas que necesita cierto grado de obsesión para escribir. La fascinación no es únicamente su musa, también es su método de investigación. La obsesión y la locura son dos aspectos presentes en todas sus obras. Sus personajes son seres anómalos sumidos en los mundos de la ciencia exacta, que tienden a encontrarse al borde de la peligrosa proximidad entre epifanía e iluminación. La obra de Labatut puede leerse como una curiosa advertencia. ¿Cuál es la raíz de todas las cosas? Los físicos del siglo XX que investigaban los principios de la mecánica cuántica llegaron a una única respuesta: la incertidumbre. Los aspectos más fundamentales de la realidad nunca tendrán una descripción completa. En la historia ficcionalizada de Labatut, la respuesta a las preguntas siempre termina por ser enloquecedora. 

El exceso de razón produce monstruos

En su retrato narrado por Labatut, John von Neumann es uno de los pocos personajes que no necesita enloquecer para hacer grandes descubrimientos. Neumann parecía ser otra especie de científico, uno que no se pone en riesgo de abandonar la razón, porque parece ser lo único dentro de sí mismo. Algunos detestaban su falta de humanidad, otros entendían que era necesaria para su destreza cerebral y matemática. 

En sus últimos años de vida, Neumann desarrolló las bases lógicas de la computación y fabricó computadoras que ayudaron al diseño de bombas atómicas. Sus estudios perseguían obsesivamente la recursión de máquinas replicantes propensas al error, cuyas mutaciones les permitían desarrollar una complejidad infinita por cuenta propia. Esta es la lógica evolutiva que hoy en día es programada prácticamente en todos los sistemas de Inteligencia Artificial. A Neumann le gustaba jugar con la idea de que las máquinas sucederían a los hombres. Esto no le provocaba espanto, le entusiasmaba completamente. Sus teorías hablaban –ya por entonces– de un concepto que se encuentra presente en nuestra cotidianidad: la singularidad tecnológica, el punto hipotético de no retorno del razonamiento de la IA en relación con los humanos. Muchas de las grandes empresas de tecnología persiguen con ansias este concepto. No hay duda alguna de que puede suceder en algún momento. Lo que es inconcebible es si tendrá o no un retorno positivo para la humanidad.

Si hay una cosa que Labatut nos deja completamente clara en MANIAC, es que del otro lado de esta sintética evolución habitan entidades de un carácter irremediablemente inhumano. El mundo terriblemente racional que nos retrata la novela nos demuestra que el exceso de razón produce monstruos. No es solamente un sueño como en la pintura de Francisco de Goya. Está más cerca de nuestra realidad de lo que creemos. 

La razón impide intuir. Sospecho que la lógica puede tornarse en una fuerza contraria a nuestra naturaleza. Debemos ser conscientes de que cuando las máquinas son puestas a pensar, nos arriesgamos a quedar fuera de la ecuación. La crisis existencial que producen los avances tecnológicos y la presencia de la IA en nuestras vidas nos exige cuestionar nuestra propia relevancia como seres humanos. La literatura es apenas uno de los frentes para esta batalla. Necesitamos conservar esta herramienta primitiva del lenguaje: la ficción. 

Bibliografía 

Louisiana Channel. (20 de Junio de 2023). Anything that comes out of a writer is fiction.Benjamín Labatut [Entrevista]. YouTube. https://youtu.be/E-OFnHwuTBg