Sería la altura

El cielo persevera encapotado, el rumor de la llovizna, los veinte metros de altura que ofrecen un deleite inusitado a la pupila. No hay personas. Toda la ciudad se construye, ahora, sin banquetas, sin autos, sin niños y las burbujas con las que juegan. Si aquí arriba no puede escribirse a gusto, entonces nada.